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jusqu'ici tout va bien. blog sobre política internacional

c'est l'histoire d'une société qui tombe et qui, au fur et à mesure de sa chute, se répète sans cesse, pour se rassurer: jusqu'ici tout va bien, jusqu'ici tout va bien, jusqu'ici tout va bien. l'important c'est pas la chute... c'est l'atterrissage.

30 de diciembre de 2006

watchmen, who watches?

Saddam Husein está muerto. el sueño de una inmensa mayoría de iraquíes y de parte de la población de algunos países vecinos se ha cumplido. áquel que los oprimió, tiranizó y exterminó durante muchos años se ha ido para siempre. mal fin de año para los dictadores. y sin embargo en este caso no queda la misma sensación de satisfacción que en los anteriores. lo que aquí ha venido a hacer justicia, si es que existe algún tipo de justicia en la muerte de quien provocó muchas más, ha sido un elemento externo, no la visita de un esqueleto con guadaña.

dejando a un lado lo acertado o no desde el punto de vista político del juicio y ejecución de Saddam por parte de Estados Unidos y de su gobierno títere en Iraq, vamos a tratar de separarnos, y en este caso elevarnos, para ir a la parte moral del asunto. uno puede desear la muerte de otra persona, por qué no, y en determinadas circunstancias alegrarse del momento en que llega. sin movernos mucho en el tiempo y en el espacio aquí tenemos el ejemplo del éxito del champán el 20 de noviembre de 1975. un país entero no puede ser tan malo, tanta gente no puede estar equivocada, aunque los resultados electorales del PP hagan pensar a veces lo contrario. Augusto Pinochet, Saparmyrat Nyýazow o Pieter Willem Botha son ejemplos recientes de alegrías sustentadas en el mal ajeno. tenemos nuestra parte oscura, es inútil negarlo, mejor asumir y disfrutar. incluso hay quien llega a entender que, en determinadas circunstancias, el deseo se convierta en anhelo buscado y se llegue a formar parte activa del proceso. si nos movemos dos años escasos atrás nos encontramos con un aparente ejemplo de falta de paciencia que muchos agradecieron, sea el que sea el responsable. aquí llegamos a uno de los unos nudos gordianos del asunto, establecer cuáles son los límites de la expresión "determinadas circunstancias", y cuya topografía difusa puede hacer caer de la resistencia en el terrorismo con un leve paso en falso. en caso de duda lo mejor suele ser quedarse quieto, que se mueva sólo quién esté seguro más allá de cualquier error, si es que eso es posible.

el otro nudo, y el que aquí nos ocupa, es el referente a quién ha de ser el sujeto que se arrogue al derecho de quitar la vida de otro. países supuestamente civilizados como Japón, Israel, Rusia o Estados Unidos forman parte de esa lista. grupos terroristas, y casi cualquiera vale de ejemplo, también. ¿y qué los diferencia? desde el punto de vista formal nada, desde el punto de vista ético un matiz que es abismo: lo que representan. institucionalizar la muerte, crear y seguir todo un macabro proceso encaminado a terminar con la vida de alguien supone, por muy terribles que hayan sido los crímenes de quien se juzga, descender a los infiernos y ponerse a la altura del mal que se combate, perder cualquier autoridad moral para hablar de aquello que se persigue. un individuo, ante quien le haya podido provocar el peor mal que imaginemos, puede tener deseos de acabar con su existencia y de buscar venganza, es natural. pero afortunadamente hay un muro que se interpone entre uno mismo y el resto que se llama Estado y que ha de convertirse, en las peores situaciones, en la mente fría que asegure la pervivencia de los valores que lo han creado.

al final de la película "haz lo que debas", de Spike Lee, se presentan dos textos, dos formas de entender la lucha política: uno de Martir Luther King, Jr. y otro de Malcolm X. que cada uno elija el que se adecúe a sus valores y asuma sus consecuencias. los gobiernos, obligados a representar lo que queremos ser y no lo que apenas alcanzamos, no pueden permitirse ese lujo.

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28 de diciembre de 2006

un vivo de mierda

alegrarse por la muerte de alguien parece ser que no está muy bien visto. antes hay que calibrar cuales han sido los crímenes acumulados en una vida de infamia para ser merecedor de tan dudoso privilegio y entonces, si el tamaño de éstos es desproporcionado hasta poder ser considerado, por ejemplo, un genocida, estamos autorizados moralmente a esbozar una leve sonrisa, incluso a hacer una crítica severa pero no despiadada, que los muertos no se pueden defender. que corra el champán, se baile, cante y celebre por las calles ya parece un exceso injustificable, y eso que hay excesos que se pueden llegar a justificar.

hace unas semanas fuimos a ratos espectadores, a ratos actores, a ratos las dos cosas, de todo tipo de reacciones ante la muerte de un cruel y despiadado asesino. y a propósito de esta noticia, decíamos en este mismo espacio que había otra botella de cava esperando en la nevera, ésta para el día que Fraga nos deje (en paz).

los méritos de los que el ex ministro franquista se ha hecho acreedor para ser deudor de tal honor son múltiples. miembro de la Falange desde su juventud fue parte activa en la ejecución de varias penas de muerte, como las de Julián Grimau, Francisco Granados y Joaquín Delgado, ejecutados en distintos procesos durante 1963 o las del más sonado Proceso de Burgos, en el que se firmaron seis penas de muerte para los acusados del asesinato de Melitón Manzanas, comisario de policía vasco acusado de torturas y fusilamientos de opositores al régimen y a quién, por cierto, el gobierno de Aznar otorgó la Medalla al Mérito Civil a título póstumo en el año 2001.

pero de todos los episodios oscuros de la historia reciente de España tras los que ha estado la siniestra mano de Manuel Fraga, hay uno especialmente espeluznante, cruel y al mismo tiempo muy significativo que, sin embargo ha resultado convenientemente silenciado, tememos que en aras de la concordia y la convivencia. el 3 de marzo de 1976 había convocada una asamblea de trabajadores en la iglesia de San Francisco de Asís, de Vitoria. la reunión fue interrumpida por la policía que cargó, con la autorización de su máximo responsable, el execrable Manuel Fraga, ministro de interior por aquel entonces, contra los asistentes. resultado: tres obreros muertos esa misma noche, abatidos a tiros. dos más en los días siguientes a cuenta de las heridas recibidas en la carga policial. decenas de heridos, algunos con secuelas de por vida. ¿reacción de la policía? "hemos contribuido a la mayor paliza de la historia" ¿reacción de Fraga? su archifamosa frase "la calle es mía".

al igual que Pinochet, es seguro que jamás rendirá cuentas ante la justicia. y en este caso el delito es mayor porque ni siquiera se ha hecho amago de que así sea. pero a Fraga el tiempo se le acaba. no pedirá perdón porque, en realidad, no cree haber errado, y eso es lo más trágico. que ni ha mostrado ni muestra el menor arrepentimiento por ninguno de sus abominables crímenes. por eso lo de la botella de cava, por eso se irá de este mundo llevándose con él todo nuestro desprecio y por eso, hasta que ese día llegue, su existencia será para muchos, y parafraseando a Benedetti, la de un vivo de mierda. 

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escrito por Hubert a las 21:35 comentarios de este post (0)